Mi Viaje de Aventura

En este relato de mi viaje de aventura describo destinos poco convencionales ubicados en países caribeños como Jamaica, Haití, Curazao, Costa Rica y Guatemala.

Durante el trayecto conocí personas tan amables como interesantes y con idiosincrasias muy diferentes a las de nosotros los mexicanos.

Visité inolvidables lugares como Dunn's River Falls, el Lago Atitlán, Cartagena de Indias, Volcán Poás, el mercado de Puerto Príncipe, y la entonces próspera Venezuela. 

Espero que mi narración te agrade, o que te anime a emprender un viaje a cualquiera de los lugares que aquí reseño.


Capítulo 1

Mi viaje de aventura fue un proyecto que empecé a planear alrededor de mis 25 años de edad, 20 antes del nacimiento de la World Wide Web.

Desde muy joven soñaba con realizar una travesía fuera de mi país, México.

Los destinos que imaginaba visitar eran selvas y lugares lejos de las rutas turísticas.

Con el tiempo tales sueños fueron aumentando de volumen en el horno de mi imaginación.

Uno de esos sueños fue la remota Isla de Pascua.

Gracias a los libros del etnógrafo Thor Heyerdahl y del escritor Erich Von Däniken nació mi entusiasmo por conocer aquel misterioso lugar. 

La universidad, el trabajo y eventualmente la falta de recursos económicos me impedían realizar tan extraordinaria idea.

En 1970 salí de compromisos y entonces me dediqué a solicitar apoyo económico de los periódicos más importantes de México como El Universal, Excélsior y Novedades, y de algunas revistas.

Básicamente les propuse un intercambio: apoyar mi viaje a la Isla de Pascua a cambio de reportajes que yo hiciera sobre este territorio chileno más la narración de mi paso por los países que yo cruzaría para llegar a tan remoto lugar.

Mi ruta incluiría las naciones que conforman Centroamérica, más Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile.

Anduve "gastando zapatos" con la entusiasta certeza de que obtendría respaldo.

En algunas empresas editoras de inmediato rechazaron mi proyecto.

En otras, la mayoría, me daban esperanza diciendo que lo iban a considerar en su próxima junta, o que en ese momento no estaba la persona indicada para decidir y me sugirieron regresar en otra ocasión.

Pasaron los días y el número de posibilidades se fue achicando hasta llegar a cero.

Fue entonces cuando decidí autofinanciar mi viaje.

Para lograrlo vendí parte de los lienzos que pinté cuando me dedicaba al arte y ocupé el puesto de agente de ventas en una empresa impresora.

Resultado: obtuve sólo una pequeña parte del presupuesto que yo había calculado para todo el viaje.

Era tal mi pasión que confié ciegamente en poder costear esta aventura con la venta de cuadros que yo haría a lo largo del trayecto.

Durante esos días, además de recorrer los consulados de los países que iba a visitar para obtener permisos de turista, estuve enfrascado en decidir el más adecuado rumbo para iniciar este viaje de aventura. 

El punto de salida sería la capital de Yucatán, Mérida. Pero cuál sería la siguiente escala?

He aquí las dos opciones que comparé...


1- Guatemala como siguiente escala

Esta ruta consistiría en viajar en autobús de Mérida a Guatemala, y después a cada uno de los países centroamericanos para continuar con Colombia rumbo al sur. 

Durante esta ruta yo tendría contacto con las interesantes comunidades indígenas de Guatemala, disfrutaría los bosques húmedos de Costa Rica y atravesaría el admirable Canal de Panamá.


2- Cuba como siguiente escala

Esta ruta consistiría en volar de Mérida a Cuba y de ahí consecutivamente a cada uno de los demás países caribeños hasta pisar tierra firme en Venezuela, pasar a Colombia y continuar rumbo a Chile. 

En este caso, durante la primera parte del viaje, tendría que valerme de los servicios aéreos, mucho más costosos que los terrestres.

Sin embargo Cuba y los países caribeños me parecieron ser una ruta muy atractiva para empezar.

El inicio de mi viaje de aventura estaría condimentado con las coloridas idiosincrasias de los cubanos, jamaiquinos, haitianos y las de los habitantes de los demás países insulares.

Cada una de esas dos alternativas tenía ventajas y desventajas.

Después de un debate interno, mi decisión final se inclinó a favor de la segunda opción.

La cercanía entre Yucatán y Cuba fue otra ventaja que agregó peso a mi determinación final.

Por lo tanto, iniciaría este viaje en las islas del Caribe.

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