Mérida, Yucatán

En el capítulo anterior mencioné a Mérida y otros destinos incluidos en el itinerario de mi viaje pero, como gradualmente ustedes se irán dando cuenta, las circunstancias se encargarían de modificarlo. 

De mi familia no recuerdo de quiénes me despedí y quién me llevó a la terminal de autobuses.

Lo que sí tengo en la memoria es mi equipaje que consistía en una valija grande que me regaló mi papá, y un maletín deportivo.

Dentro de la valija llevaba 2 o 3 cuadros que no pude vender, y mi ropa.

Debido a que el clima de los primeros países que visitaría ofrecían temperaturas calurosas, elegí llevar en mi valija un vestuario muy reducido. Este consistió en las siguientes prendas de vestir: un pantalón de mezclilla, una camisa de planchado permanente, dos pares de calcetines, y calzoncillos.

Y dentro del maletín un montón de tubos de pintura, pinceles, espátulas y aceite de linaza.


Mérida, inicio de mi viaje de aventura

Llegué a Mérida en abril de 1971.

Tan pronto salí del autobús un fuerte calor, húmedo y sofocante me dio la bienvenida.

El sitio más económico que encontré para hospedarme era una pequeña habitación en pleno centro de Mérida.

En su reducido espacio apenas cabían la cama, el guardarropa, el buró y el calor.

El cuarto de baño era común para todas las habitaciones.

La mayoría de huéspedes eran (no hay que adivinarlo) extranjeros. Más de Europa que de EUA.

Mi plan para el siguiente día sería comprar el boleto para La Habana.

Afortunadamente un gringo mochilero, con el que entablé una breve conversación, me recomendó no viajar a Cuba porque el gobierno de su país había amenazado con negar la entrada a EUA a cualquier persona con visado cubano.

Recordé que ésa era una de las medidas coercitivas que el gobierno norteamericano había impuesto al régimen de Fidel Castro en 1960.

Deseché entonces la idea de conocer el Malecón, los históricos edificios de la Habana y el festivo carácter de los cubanos.

En el cuerno formado por las islas caribeñas la de Jamaica le seguía a la de Cuba hacia el sur.

Afortunadamente mi pasaporte ya tenía el visado de Jamaica que obtuve días antes en su consulado de la Ciudad de México.

Así que, pensé, pronto y sin dificultades yo estaría desembarcando en el aeropuerto de Kingston, capital de Jamaica.

Continuará...

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